martes, junio 14, 2005

El Príncipe de Nicolás Maquiavelo

EL PRÍNCIPE – DE NICOLÁS MAQUIAVELO


Nicolás Maquiavelo, tras tomar posición a favor de los Medici, con el objeto de impedir que llegaran al poder aquellos con los que siempre había combatido, realiza un retiro involuntario que lo aflige y termina por incitarlo a reflexionar sobre las causas que lo provocaron, a indagar las debilidades de ese régimen político pasado y que había surgido con la expulsión de los Medici y había caído con el retorno de los mismos después de 18 años.

Quiere saber por qué la Republica no se ha mantenido y, retoma aquellas discusiones constitucionales de sus primeros años, confrontándolas con los ejemplos de la antigüedad. Cómo son ¿Cuáles son los principios universales por los que se han regido las repúblicas?, ¿Por qué Roma tuvo durante siglos una forma republicana, para después volver al principado?, ¿Cuáles fueron las leyes que les dieron sus primeros legisladores?, ¿En qué virtud se apoyó a lo largo de su camino?, Las Décadas de Livio y las Historeae de Tácito son sus principales fuentes de estudio, hasta que, habiendo planteado el problema de modo que en las ciudades corrompidas podía mantenerse un Estado libre, si lo había, o no habiéndolo, crearlo; y habiendo comprobado que un pueblo corrompido que ha llegado a la libertad, muy difícilmente puede seguir adelante sin enfrentar el gran problema de su época; el principado. Y entre julio y diciembre de 1513, redacto de una sola tirada aquel célebre libro suyo, que él tituló: De principatibus, y que la posteridad conocerá con el nombre de El Príncipe, nombre más conciso, pero menos relacionado con la naturaleza de la obra.

El Príncipe se lee no sólo con facilidad, sino con placer. Consta de una dedicatoria preliminar a Lorenzo Medici y veintiséis capítulos, cuyos títulos están el latín.

El libro trata exclusivamente de los principados, de cómo se adquieren y cómo se conservan. En cuanto a cómo se adquieren, los príncipes llegan a serlo por herencia o fundando una dinastía. Un príncipe hereditario que extiende su dominio a nuevos territorios es considerado en estos últimos como fundador, y su comportamiento en esos países recién adquiridos ha de ser diferente al observado en los dominios heredados, pues un principado nuevo se pierde con mayor facilidad.

Maquiavelo detesta la política que sólo pretende vivir al día. Para tener éxito, hay que actuar ocupándose no sólo del presente, sino también del futuro, intentando evitar en lo posible los problemas. Atribuye la grandeza y estabilidad del Imperio Romano a su planificación, tan ambiciosa y al mismo tiempo tan previsora, y está convencido de que los continuos fracasos de la república florentina tienen su raíz en que nunca ha trazado una línea de actuación a largo plazo, tomando en cuenta el mayor número de factores en la planeación.

Aunque el deseo de adquirir es, verdaderamente, algo muy natural y ordinario, un príncipe deberá pensar en el porvenir antes de adquirir nuevos estados, pues no hay mayor error que empeñarse en hacerlo cuando no se tienen las suficientes fuerzas y posibilidades, y por muchos ejércitos que se pongan en campaña, nunca se logrará entrar en una provincia con éxito si no se cuenta con el favor de algún sector de los habitantes.

Un estado nuevo se adquiere por la fuerza o por astucia, aunque el medio más seguro es una combinación de ambas. Los métodos difieren según las propias características de cada país, pues si este es muy unido, el atacante tendrá que depender exclusivamente de sus propias fuerzas, mientras que, en el caso contrario, puede hacer que actúe a su favor la desorganización del otro.

En el libro se plantea un caso especial de nuevo príncipe, que es el de aquellos que, habiendo nacido ciudadanos, se hacen con el poder supremo. Esta es una meta difícil, pero puede alcanzarse por muchos caminos.

El primero es el de aquellos que llegan a príncipes gracias a sus dotes personales. Necesitan, es cierto, encontrar una ocasión propicia, sin la que su talento no podrían ponerse de manifiesto; pero la ocasión por sí sola, sin las excelentes cualidades de la persona, no permitiría alcanzar el éxito. Quienes adquieren así el principado, gracias a sus cualidades, encuentran, al principio, grandes dificultades, sobre todo porque tienen dificultades de fundar nuevas instituciones y nuevas leyes, pero en cambio se mantienen en el trono con bastante seguridad, porque suelen ser benefactores y porque han aprendido a fiarse solamente se sus propios recursos.

Hay otros príncipes que le deben todo a la fortuna. Estos llegan al poder casi sin esfuerzo, en su camino no encuentran ningún obstáculo, se diría que vuelan. Normalmente reciben la ayuda de ejércitos ajenos. Quienes alcanzan el trono encuentran infinitas dificultades para mantenerse en él, pues no merecen su suerte, ni pueden esperar vivir seguros, a no ser que sigan supeditados a quienes les ayudaron que habitualmente son volubles, y dejarán de protegerlos cuando ya no convenga a sus intereses.

Hay un tercer camino, más tortuoso y oscuro: el de quienes alcanzan el poder por medio de crímenes y traiciones. Estos llegan rápidamente a la cima, pero para mantenerse en ella deben emplear métodos crueles y contundentes. Maquiavelo aconseja un baño de sangre inicial, acompañado de algunas mejoras que favorezcan notablemente a los ciudadanos que queden vivos, y después de eso evitar volver al uso de la crueldad. En cambio, quienes muestran indulgencias al principio y, se van haciendo cada día más crueles, han escogido la vía más rápida y certera para su propia destrucción.

La última modalidad de ascenso al principado es hacerlo con la ayuda de los conciudadanos o de una fracción de ellos y ayudándose de lo que Maquiavelo llama la “Astucia Afortunada” o “La Fortuna es Mujer”. Quienes logran el poder de esta manera les es más fácil propiciar la ayuda del pueblo que de los nobles del principado, lo que resulta muy conveniente. La forma en que estos príncipes permanezcan en el trono es que se las arreglen para parecer imprescindibles en toda circunstancia.

Un caso especial son los principados eclesiásticos. Para llegar a ellos se puede hacer uso de la virtud, de la suerte, de la astucia o del dinero, pero siempre respetando las formas que definen la institución de la iglesia. Una vez que se adquiere este tipo de principado, es muy fácil mantenerlo.

Una vez que ha tratado acerca de los medios para hacerse del poder, Maquiavelo se ocupa de las maneras de mantenerlo, e incluso de acrecentarlo. Los principados nuevos enfrentan mayores dificultades, sobre todo si se ejerce sobre pueblos que tienen distinta lengua y costumbres. Sin embargo, un país al mando de un solo hombre, del que todos los demás, sin importar su rango, se consideran dependientes, será más fácil de retener que otro que cuente con una nobleza poderosa. En este caso, conviene que el príncipe viva en los nuevos territorios, establezca colonias en ellos, procure evitar los motivos de rebelión y se presente como defensor del pueblo y azote de los grandes.

Los principados más difíciles de conservar son aquellos que se imponen a un pueblo libre. La libertad difícilmente se olvida y ese recuerdo es suficiente para propiciar rebeliones y despertar los corazones de quienes fueron libres y se resisten a ser dependientes. Por eso, a quien se hace dueño de una ciudad así no le queda más remedio que reducirla a cenizas, si quiere seguir siendo el amo: No hay medio más seguro de posesión que la ruina. Y quien se apodera de una ciudad acostumbrada a vivir libremente y no la destruye, que espere a ser destruido por ella.

Sea cual fuere el tipo de principado que se intente consolidar, quien lo ocupa deber ser consiente de que no cuenta con otro apoyo que sus propios recursos; incluso quienes lo apoyaron en su ascenso resultan poco confiables, pues lo dejaran solo si se sienten poco recompensados. Por eso, el príncipe deberá estar siempre alerta, cuidando de que ningún súbdito, ningún sector de la sociedad, ninguna familia se engrandezca hasta extremos amenazantes, pues quien favorece el poder de otro, labra su propia ruina.

Por otro lado, todo príncipe que pretenda seguir en el poder durante largo tiempo tiene que estar consciente de que su mayor cimentación es un ejercito propio, de cuya dirección y organización se encargará personalmente. Un príncipe desarmado es despreciable y está a merced de cualquiera.

Las tropas deben estar bien ejercitadas, sin interrumpir su adiestramiento en los tiempos de paz. Los mercenarios y las tropas auxiliares prestadas por otros príncipes no sólo resultan inútiles, sino que, lejos de constituir una ayuda, sin una amenaza constante y muy peligrosa. Únicamente son seguras las armas propias, o sea, aquellas en las que los ciudadanos defienden su patria. Sólo entonces el ejército será de confianza, pues la traición y la cobardía no tienen razón de ser cuando un soldado hace suyo el interés de la batalla.

Por lo que toca a la política interior, Maquiavelo advierte que es imposible que un príncipe reúna en sí todas las virtudes morales, y aun en el caso de que eso fuera posible, no sería conveniente, pues los asuntos del Estado requieren el desarrollo de otra clase de cualidades. No hay que titubear en el caso de tener que tomar actitudes que pudieran ser reprobables en términos morales, cuando eso es necesario para la estabilidad del gobierno.

En lo que respecta al arte de gobernar, no se pueden fijar reglas precisas, pues la personalidad del sujeto y de las circunstancias harán que resulte adecuado un comportamiento u otro. Sin embargo, hay algunas directrices que, por lo común, dan buenos resultados si se aplican en la relación del príncipe con sus súbditos. En primer lugar, Maquiavelo recomienda que el gobernante se incline más bien a la tacañería que a la generosidad, lo que resulta más bien extraño en una cultura que prestigiaba la liberalidad caballeresca y el desprendimiento cristiano.

En el tema de la crueldad y la clemencia, no se propone regla alguna, pues depende mucho del carácter del gobernante y de sus necesidades. Maquiavelo se propone como defensor de la disciplina y, piensa que sólo algunos jefes con buena estrella y muy fuerte personalidad pueden permitirse el lujo de ser clementes sin que la situación degenere en el caos; sin embargo, por lo general, el príncipe debe utilizar la fuerza con toda naturalidad y no preocuparse de la fama de cruel, si con ello mantiene a sus súbditos unidos y leales. Lo que sí es conveniente evitar es la arbitrariedad; es más seguro ser temido que amado, pero un rigor arbitrario vuelve odioso a quien lo ejerce, y el odio afila los puñales contra el tirano.

En el capítulo dedicado a la mentira se hace una especie de homenaje a la habilidad para violar los juramentos. Maquiavelo tiene la verdad en alta estima, pero como político la desaprueba, por ser un recurso ineficaz. Por supuesto, la mentira que él recomienda no es el descarado engaño, que considera tan inconveniente como la verdad misma; él se refiere al disimulo, el arte de hacer la propia palabra fidedigna sin que eso represente la obligación de cumplirla. En este tema también se transgrede la moral caballeresca y cristiana, recomendando incluso que el príncipe aparente una genuina religiosidad, acompañada de toda clase de virtudes morales, aunque lo que realmente posea es cualidades, que es lo que verdaderamente sirve en la política.

Por otro lado, recomienda la prudencia, la previsión y la capacidad para rodearse de colaboradores sabios y expertos, aunque sin confiar excesivamente en ellos, y el rechazo de los aduladores, afirmando que para un príncipe es muy útil labrarse una reputación y que nada cimienta mejor la fama como el atreverse a grandes empresas, aunque para hacerlo es preciso tener, además de osadía, un mínimo de posibilidades de éxito.

Los tres capítulos finales desvelan la intención de la obra. Se ha mostrado la conducta ideal del gobernante eficaz y, si se analiza a la luz de estos conceptos la manera de regir en las cosas públicas de los gobernantes, se podría identificar el cinismo, pero no la amplitud de visión, la organización y la iniciativa que propone Maquiavelo. Finalmente señala que las desgracias de Italia no se deben atribuir a la fortuna, pues ésta es como un gran río que, en sus crecidas, puede arrasarlo todo; pero los hombres prudentes son capaces de adelantarse a esas catástrofes, construyendo diques y canales que, aunque no evitan las crecidas, impiden que sus consecuencias sean destructivas.

lunes, junio 13, 2005

Análisis Próximas Elecciones Julio 2005

Análisis Próximas elecciones de Julio del 2005, Estado de México y Nayarit

Documento en formato .PDF, publicado por Consulta Mitofsky

Convocatoria para la Elección del Candidato a la Presidencia de la República del PRD

Convocatoria para la Elección del Candidato a la Presidencia de la República del Partido de la Revolución Democrática

Documento en formato .PDF, publicado por Consulta Mitofsky

Normas Complementarias para la Elección del Candidato a la Presidencia de la República del PAN

Normas Complementarias para la Elección del Candidato a la Presidencia de la República del Partido Acción Nacional

Documento en formato .PDF, publicado por Consulta Mitofsky.

Reglamento Para la Elección del Candidato a la Presidencia de la Republica del PAN

Reglamento para la Elección del Candidato a la Presidencia de la República del Partido Acción Nacional.

Documento en formato .PDF, publicado por Consulta Mitofsky

Consulta Mitofsky - Así Van, Todos rumbo al 2006, Mayo 2005

Así van, todos rumbo a las elecciones del 2006, tendencias electorales

Encuesta Nacional en viviendas, realizada por Consulta Mitofsky
en mayo del 2005

Documento en formato .PDF

IF (si) de Rudyard Kipling

SI (IF)


Si puedes conservar fría la cabeza

Cuando a tu alrededor todos la pierden

Y te cubren de reproches...

Tuya será la tierra y sus codiciados frutos...



Rudyard Kipling

viernes, mayo 13, 2005

JURAMENTO YAQUI

“JURAMENTO YAQUI”


Para ti no habrá sol,
para ti no habrá ya muerte,
para ti no habrá ya dolor,
para ti no habrá ya calor...

Ni sed, ni hambre, ni lluvia,
aire, ni enfermedades,
...ni familia.

Nada podrá atemorizarte,
todo ha concluido para ti,
excepto una cosa:

“El cumplimiento del deber”

En el puesto que se te designe
allí te quedarás,
por la defensa de tu nación
de tu pueblo, de tu raza,
de tus costumbres, de tu religión.

¿Juras cumplir con el mandato divino?

CON ESTAS PALABRAS LOS CAPITANES
YAQUIS OTORGAN LA INVESTIDURA
A LOS NUEVOS OFICIALES
QUE BAJANDO LA CABEZA...

RESPONDEN:

¡Ehuí!
(SI)

jueves, mayo 05, 2005

Encuesta del Estado de Guanajuato

Encuesta en viviendas del Estado de Guanajuato, realizada en abril del 2005, por Consulta Mitofsky.

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sábado, abril 16, 2005

Votos duros y potenciales, rumbo al 2006

Votos duros y potenciales, rumbo al 2006

Documento en formato .PDF, publicado por Consulta Mitofsky en abril del 2005

viernes, abril 08, 2005

DISCURSO DE ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR ANTE LOS DIPUTADOS FEDERALES DEL CONGRESO DE LA UNIÓN, RESPECTO DEL JUICIO DE DESAFUERO AL QUE FUE SOMETIDO

DISCURSO DE ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR ANTE LOS DIPUTADOS FEDERALES DEL CONGRESO DE LA UNIÓN, RESPECTO DEL JUICIO DE DESAFUERO AL QUE FUE SOMETIDO

Van a tener que desaforar al licenciado Vega Memije porque violó el reglamento.

Ciudadanas y ciudadano, diputadas y diputados, Pueblo de México:

Comparezco con dignidad ante este tribunal por el juicio de desafuero en mi contra.

Muy poco voy a argumentar en términos jurídicos sobre la falsedad de este juicio. Hemos reiterado nuestra defensa en numerosas ocasiones. Sólo diré que no he violado la ley, que jamás he actuado en contra de la justicia y nunca ha sido mi intención hacerle mal a nadie.

Nunca firmé ningún documento ni ordené que no se respetara la suspensión del amparo otorgado al presunto dueño del predio “El Encino”. Por el contrario, hay constancias de que todos los servidores públicos responsables del caso cumplieron con su deber.

A pesar de que el Ministerio Público pretendió llevarlos a que me inculparan como pueden ustedes constatarlo en el expediente, plateándoles interrogatorios insidiosos, no logró su cometido. Nadie de los servidores públicos del gobierno declaró en mi contra.

El Juez Administrativo no se tomó la molestia de presentarse en “El Encino” para verificar si se daban o no las conductas de violación que me atribuyen. Tuvo, sin embargo, la ruindad de otorgar valor probatorio pleno a supuestas inspecciones judiciales practicadas por actuarios. Es decir, el Juez se limitó a recibir los dichos de sus empleados y con estas pruebas ilegales se me acusa.

Es más: el supuesto dueño de “El Encino” primero reclamaba una propiedad de cien mil metros cuadrados; luego presentó una escritura ante el Ministerio Público de 86 mil metros cuadrados. Y en el Registro Público de la Propiedad aparece que sólo posee 83 mil metros cuadrados, y que el tramo en cuestión ni siquiera es de su propiedad. Pero esto no se nos aceptó como prueba, porque en la Sección Instructora se opuso a realizar un deslinde del terreno.

El expediente está plagado de falsedades. Me acusan, simple y llanamente, por ser el superior jerárquico del Gobierno del Distrito Federal.

Por último, les preguntaría a ustedes: ¿dónde está el dolo y la mala fe, si el camino no se construyó?, y aquí quiero aclarar algo, tres veces el licenciado Memije habló de que en 11 meses se incumplió la decisión del juez, es decir 11 meses llevó la violación al amparo.

Estamos hablando de 200 metros, si hubiese dolo, mala fe, abuso de autoridad, ¿ustedes creen que en 11 meses no hubiésemos terminado de hacer el camino?, no fue así. Tuvimos que hacer un camino alterno para comunicar al Hospital ABC y ahí va a quedar la brecha que constata que no hubo ningún desacato.

El dolo y la mala fe es de quien me acusa, de quienes me acusan. Tengo la conciencia tranquila. Desde hace muchos años que lucho por mis ideas y lo hago apegado a principios, uno de estos es precisamente, hablar con la verdad y conducirme con rectitud.

Tengo la certeza absoluta de que no se me juzga por violar la ley sino por mi manera de pensar y actuar, y por lo que pueda representar, junto con otros mexicanos, para el futuro de nuestra patria.

Atendamos lo evidente: diputadas y diputados, hay en México, hoy, se debaten dos proyectos de nación, y de nación en la globalidad, distintos y contrapuestos, y a los que verdaderamente mandan junto con los que mal gobiernan al país, les preocupa y les molesta que nuestro programa en la Ciudad de crecimiento económico, generación de empleos, construcción de obras públicas, de educación, salud y vivienda y de apoyo a los más humildes y olvidados se propague cada día más, se acredite entre la gente y se aplique a nivel nacional.

Este es el fondo del asunto. Por eso, y por ninguna otra causa, nos quieren atajar y me quieren quitar mis derechos políticos, con miras a las elecciones del 2006.

Quienes me difaman, calumnian y acusan son los que se creen amos y señores de México. Son los que en verdad dominan, mandan en las cúpulas del PRI y del PAN. Son los que mantienen a toda costa una política antipopular y entreguista.

Son los que ambicionan las privatizaciones del petróleo y de la industria eléctrica, algo que aún no consiguen tras la entrega sucesiva de los bienes nacionales.

Son los que utilizan al Estado para defender intereses particulares y rescatar instituciones financieras en quiebra. Son los que, al mismo tiempo, consideran al Estado una carga y quieren desvanecerlo en todo lo tocante a la promoción del bienestar de los pobres y de los desposeídos que es, también, si bien se ve, el bienestar de una nación corroída por la desigualdad.

Son los que manejan el truco de llamar “populismo” o “paternalismo” a lo poco que se destina en beneficio de las mayorías, pero nombran “fomento” o “rescate” a lo demasiado que se le entrega a minorías rapaces.

Son los partidarios de privatizar las ganancias y de socializar las pérdidas.

Son los que han triplicado en veinte años la deuda pública de México.

Son los que defienden la política económica imperante, no obstante su serie de fracasos, que dan como resultado el cero crecimiento y el aumento constante del desempleo.

Son los que quieren cobrar IVA a los medicamentos y a los alimentos, pero exentan de impuestos a sus amigos y protectores. Que la mayoría lo pague todo y que la minoría selecta nos dé por favor una limosna.

Son los que han socavado la calidad de vida de las clases medias.

Son los que han convertido al país en un océano de desigualdades, con más diferencias económicas y sociales que cuando Morelos proclamó que debía moderarse la indigencia y la opulencia.

Son los que han arruinado la actividad productiva del país y han obligado a millones de mexicanos a dejar sus hogares y sus familias para emigrar a Estados Unidos, arriesgándolo todo en busca de lo que mitigue su hambre y su pobreza.

Son los que quieren perpetuar la corrupción, el influyentismo y la impunidad, que son sus señas de identidad.

Son ellos los que tienen mucho miedo a que el pueblo opte por un cambio verdadero. Y ese miedo cobarde de perder privilegios los lleva a tratar de aplastar a cualquiera que atente contra sus intereses y proponga una patria para todos y patria para el humillado.

Por eso utilizan al ciudadano Presidente, a quien encumbraron para seguirse devorando al país y a quien lanzan en mi contra para impedir que avance el movimiento de transformación nacional, capaz de crear una nueva legalidad, una nueva economía, una nueva política, una nueva convivencia social con menos desigualdad, con más justicia y dignidad.

Un empresario me contó que el 10 de junio del año pasado, en una reunión en casa de Rómulo O’Farrill, ese grupo compacto de intereses creados le dijo al ciudadano Presidente palabras más, palabras menos: “Nos has quedado mal, no has podido llevar a cabo las privatizaciones y la reforma fiscal, pero eso ya no es lo que nos importa. Ahora lo único que te pedimos es que por ningún motivo permitas que ese populista de Andrés Manuel llegue a la Presidencia”.

Tal vez, a partir de entonces o de una lectura febril de las encuestas, al Presidente de la República se le volvió una obsesión hacer campaña en mi contra. Eso es lo que explica este desafuero, tramado desde Los Pinos.

Por eso, con seguridad y firmeza, desde esta tribuna, aunque no sea la máxima tribuna, acuso al ciudadano Presidente de la República, Vicente Fox Quesada, de estos procedimientos deshonrosos para nuestra incipiente democracia.

Lo acuso de actuar de manera facciosa, con el propósito de degradar las instituciones de la República.

Acuso también por complicidad al presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Mariano Azuela Güitrón, por supeditar los altos principios de la justicia y de la Constitución a las meras consignas políticas ordenadas por los intereses creados del momento.

Días antes de iniciar el procedimiento en mi contra, en abril del año pasado, el presidente de la Corte acudió a un encuentro con el Ciudadano Presidente para tratar este asunto olvidándose que su deber no es encubrir las arbitrariedades del titular del Poder Ejecutivo, sino el de proteger a los ciudadanos del atropello y del abuso.

Es más, dos días después de presentada la solicitud de desafuero, la Suprema Corte hizo publicar un desplegado donde, por anticipado, se trataba de legitimar este aberrante procedimiento en mi contra y se alababa la actuación de quienes actuaron por consigna haciéndose pasar por jueces.

Claro está, y aquí lo hemos escuchado, que quienes me acusan tratan de justificar su actuación, hablando en nombre de la ley e invocando el Estado de Derecho. Así ha sucedido siempre: todo acto autoritario suele encubrirse en un discurso de aparente devoción por la legalidad.

Lo cierto es que estos personajes no sólo están envileciendo a las instituciones sino haciendo el ridículo.

Ahora resulta que en el país de la impunidad, en el país del Fobaproa, de los Amigos de Fox, del Pemexgate y otros latrocinios cometidos, permitidos o solapados por los que ahora me acusan y juzgan, a mí me van a desaforar, me van a encarcelar, me van a despojar de mis derechos políticos por haber intentado abrir una calle para comunicar un hospital. Repito: por intentar abrir una calle para comunicar un hospital.

Ahora resulta que los Defensores del Derecho Supremo del Privilegio han convertido en un “grave delito”, una supuesta infracción jurídica que amerita despojarme del cargo que legal y legítimamente me fue otorgado por los ciudadanos del Distrito Federal.

¿Ése es el Estado de Derecho que pregonan?, ¿Cuál Estado de Derecho puede haber si en México los encargados de impartir justicia, en vez de proteger al débil, sólo sirven para legalizar los despojos que comete el fuerte?.

¿De cuál Estado de Derecho hablamos si sólo se castiga a los que no tienen con qué comprar su inocencia?, ¿Qué Estado de Derecho existe si la mayoría de los jueces, magistrados y ministros no tienen el arrojo de sentirse libres y todavía se comportan como empleados del Poder Ejecutivo Federal?

¡No señoras y señores!

Eso no es Estado de Derecho. En México, desgraciadamente, el Derecho ha significado por lo común lo opuesto a su razón de ser; el Derecho que ha imperado ha sido el del dinero y el del poder por encima de todo; el Derecho de un modelo de país exclusivo para los privilegiados y el Derecho de destruir a quienes pongan en peligro ese modelo.

Es un timbre de orgullo que se me juzgue como en otros tiempos se condenó a quienes han actuado en defensa de los derechos sociales, civiles y políticos.

Por ejemplo, cuando la dictadura porfirista presintió que sería derrotada en las urnas por Francisco I. Madero, decidieron sacarlo de la carrera presidencial inventándole cargos y conduciéndolo, finalmente, a prisión. Ya desde abril de 1910, para impedir su asistencia a la Convención Antirreeleccionista se le había acusado de invadir un predio ajeno para robarse una carga de guayule.

Cuando este cargo fracasó, por ridículo e infundado, se le acusó siendo ya candidato a la Presidencia de la República de proteger de la policía al orador Roque Estrada quien había pronunciado un supuesto “discurso injurioso” en contra de las autoridades. De ese modo, Francisco I. Madero fue detenido en Monterrey y trasladado a la cárcel de San Luis Potosí en donde radicaban los cargos.

Desde la prisión, Madero escribió a uno de sus partidarios:

“ Efectivamente, es un atentado incalificable el que se ha cometido conmigo, pero ha servido para quitar definitivamente la careta a nuestros gobernantes, para exhibirlos como tiranos vulgares y para desprestigiarlos completamente ante la opinión pública, a la vez que nuestro partido se ha fortalecido de manera increíble. Por estas circunstancias no me aflige mi prisión, pues aquí descansando, creo que estoy prestando grandes servicios a nuestra causa.

También, cuando se obtuvieron con engaños las renuncias de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, la mayoría de la Cámara de Diputados cometió la indignidad de desaforarlos que a eso equivalió aceptar sus renuncias y de prestarse a la farsa de legalizar, siempre preocupados porque todo sea legal, un nombramiento que duró en el poder 45 minutos, tiempo suficiente para que el tal Pedro Lascuráin nombrara como Secretario de Relaciones Exteriores a Victoriano Huerta y luego renunciara convirtiendo a El Chacal en Presidente de la República.

Un dato más para comprender la historia, que es la maestra de la vida y que no se tome como un insulto, porque la verdad no es injuria: el bisabuelo de Santiago Creel, Enrique Creel, fue ministro de Relaciones de Porfirio Díaz y su abuelo, Luis R. Creel, fue huertista y participó en La Decena Trágica.

También, para quienes padecen amnesia, para los que creen que la política sólo consiste en una enciclopedia del conocimiento de las mañas y el golpe artero, a ellos conviene recordarles otro hecho indigno que pasó por esta Cámara de Diputados. Me refiero a la renuncia forzada ante la amenaza de desafuero de Carlos A. Madrazo Becerra.

En ese entonces, el pretexto fue un supuesto fraude con tarjetas de braceros cuando en el fondo se trataba de una venganza política porque Carlos Madrazo Becerra apoyaba para la sucesión presidencial al entonces regente Javier Rojo Gómez. Tan es así que luego de ser encarcelado por cerca de nueve meses, una vez que se eligió a Miguel Alemán como candidato a la Presidencia, Carlos Madrazo obtuvo su libertad.

También estoy orgulloso de ser acusado por quienes engañaron al pueblo de México; por quienes ofrecieron un cambio y mintieron; por quienes se aliaron a los personajes más siniestros de la vida pública del pasado, como Carlos Salinas de Gortari, y mantienen la misma política de siempre, ésa donde todos los intereses cuentan, menos el interés del pueblo.

Lamento que el voto útil se haya convertido en voto inútil, que se haya perdido tristemente el tiempo con el llamado gobierno del cambio y no se haya logrado nada, absolutamente nada habiendo tantas demandas nacionales insatisfechas.

Pero no hay mal que por bien no venga; hacía falta conocer a fondo a los santurrones, a los intolerantes, a los que hipócritamente hablaban de buenas conciencias y del bien común. Hacía falta que esas personas se exhibieran sin tapujos, con toda su torpeza, frivolidad, desparpajo, codicia y mala fe para saber con claridad a qué atenernos.

Diputadas y diputados:

Como deben suponer estoy acostumbrado a luchar. No soy de los que aceptan dócilmente condenas injustas. Me voy a defender y espero contar con el apoyo de hombres y mujeres de buena voluntad que creen en la libertad, en la justicia y en la democracia.

Les repito: no me voy a amparar ni solicitaré libertad bajo fianza porque sencillamente no soy culpable y porque así protestaré de manera pacífica ante la arbitrariedad que se comete en mi contra y en contra de quienes luchan por la democracia y rechazan la injusticia.

Tampoco voy a recurrir a artimañas o a negociaciones vergonzosas. Nada, ni siquiera la aspiración al cargo más elevado de la República, podría justificar el hacer a un lado la dignidad y los principios.

No soy un ambicioso vulgar. No llevaré a nadie al enfrentamiento. Todo lo que hagamos se inscribirá en el marco de la resistencia civil pacífica.

Por último, diputadas y diputados, con sinceridad les digo que no espero de ustedes una votación mayoritaria en contra del desafuero. No soy ingenuo. Ustedes ya recibieron la orden de los jefes de sus partidos y van a actuar por consigna, aunque se hagan llamar representantes populares.

Claro está que otros diputados, los menos desgraciadamente, votarán con dignidad y decoro.

Pero los que van a votar en mi contra y los que se abstendrán, pensando que hay justo medio entre ser consecuente o cortesano, no deben ufanarse por haber logrado una especie de desafuero patriótico porque todavía la conducta de ustedes tendrá que pasar por el escrutinio público, por la opinión y la decisión de la gente.

Estoy seguro que la mayoría de ustedes votará a favor del desafuero sin medir las consecuencias de sus actos, o porque piensan que podrán justificarse, como lo expresó increíblemente una diputada que llegó a decir, creo que es la diputada Rebeca Godínez, llegó a decir -abro comillas- “¡Con esto empieza el Estado de Derecho en México!”

Conste que el Estado aludido no se tardó y debutó muy mal.

Repito: ¿de cuándo a acá los más tenaces violadores de la ley, los saqueadores, quieren aparecer como los garantes del Estado de Derecho?

Ustedes me van a juzgar, pero no olviden que todavía falta que a ustedes y a mí nos juzgue la historia.

¡Viva la dignidad!

¡Viva México!

México, Distrito Federal, a 7 de abril de 2005

DISCURSO DE ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, EN EL ZÓCALO, PREVIO A SU COMPARECENCIA EN LA CÁMARA DE DIPUTADOS EN EL JUICIO DEL DESAFUERO

DISCURSO DEL JEFE DE GOBIERNO DEL DISTRITO FEDERAL, ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, EN EL ZÓCALO DE LA CIUDAD, PREVIO A SU COMPARECENCIA EN LA CÁMARA DE DIPUTADOS EN EL JUICIO PARA SU DESAFUERO

Amigas y amigos:

Hoy les voy a informar, pero también les voy a pedir algunas cosas; en esta plaza hay católicos, adventistas de las distintas denominaciones, hay también agnósticos y libres pensadores, pero a todos les pido, por respeto, por los funerales de Juan Pablo II, dirigente de la iglesia católica y dirigente religioso mundial.

Desde mi punto de vista, un hombre bueno y, sin duda, un defensor de la paz, por eso les pido que con mucho respeto guardemos un minuto de silencio.

Amigas y amigos, está a punto de cometerse un atropello contra los avances democráticos conseguidos con tanto sacrificio por el pueblo de México.

El desafuero nos regresa a la época autoritaria cuando, desde Los Pinos, se decidía quién podía o no ser el Presidente de México, sin tomar en cuenta la voluntad popular.

Decidí primero estar con ustedes, antes de comparecer en la Cámara de Diputados, porque siempre he sostenido que el presente y el futuro de nuestro movimiento depende, sobre todo, del pueblo, depende sobre todo, de la voluntad popular.

Los diputados del PRI y del PAN van a cumplir el encargo, la consigna que les dieron desde Los Pinos, con la complicidad de Carlos Salinas, y la mediación de los dirigentes de esos partidos.

De modo que este día, los que se hacen llamar “representantes populares”, van a despojarme del cargo que democrática, legal y legítimamente me otorgaron los habitantes del Distrito Federal. Desde luego, otros diputados actuarán con dignidad y decoro.

Aunque estoy convencido de que este juicio es una farsa, de todas maneras, luego de hablar con ustedes, voy a ir a la Cámara de Diputados para ejercer mi derecho a la legítima defensa.

Como lo sabe la mayoría de la gente en el país, mi desafuero no es un asunto jurídico sino político, aunque esta canallada la quieran envolver con una hipócrita devoción por la legalidad.

Sólo reitero, porque no quiero que a ustedes les quede la menor duda: no he cometido ningún delito y que no he violado ninguna ley. Todo este proceso es tan burdo que conviene preguntarnos:

¿De cuándo a acá los más tenaces violadores de la ley, los saqueadores, quieren aparecer como los garantes del Estado de Derecho?

¿De cuándo a acá los repartidores y los beneficiarios de la impunidad, resultan ahora los fiscales implacables que condenan a cualquier adversario político que se les cruce en el camino?

¡No, amigas y amigos, compañeras y compañeros!

El fondo no es una supuesta desobediencia a un juez, por intentar abrir una calle para comunicar a un hospital. Obviamente, no es por eso que me quieren desaforar.

El fondo es otro y es de dominio público: quieren hacerme a un lado para que mi nombre no aparezca en las boletas electorales en el 2006.

Les preocupa que el proyecto que estamos impulsando, todos juntos, con muchos otros mexicanos, les preocupa que ese proyecto se lleve a la práctica, en beneficio de la mayoría de la gente.

Tienen miedo a que lo realizado en la ciudad se extienda por todo el país.

No les gusta que estemos demostrando que es posible aplicar, a nivel nacional, otra forma de gobernar: humana, racional y esperanzadora.

Les inquieta también que, a pesar de la campaña sistemática de ataques en contra nuestra, la gente nos siga otorgando su confianza y respaldo.

Me van a desaforar porque, según todas las encuestas, nuestro gobierno tiene en la ciudad una aceptación de más del 80 por ciento y en el país, en toda la República, cuando se pregunta sobre cómo votaría la gente en el 2006, tenemos más de quince puntos porcentuales de ventaja sobre los posibles candidatos del PRI y del PAN. Por eso quieren desaforarme.

Ahora bien, ¿cuál es la apuesta de nuestros adversarios con el desafuero?

Desde luego, como ya dije, pretenden despojarme de mis derechos políticos para que no pueda participar en las próximas elecciones presidenciales. Pero eso es lo obvio; apuestan también a silenciarme. No quieren que yo hable, que siga hablando en las conferencias de prensa de las mañanas.

No quieren que sigamos insistiendo en el rotundo fracaso de la política económica, que no permite el crecimiento, la generación de empleos ni el bienestar y que sólo ha servido para beneficio de unos cuantos, a costa del sufrimiento de las mayorías.

No quieren que nos opongamos a la privatización de la industria eléctrica y del petróleo.

No quieren que sigamos denunciando la corrupción imperante, el influyentismo y la impunidad.

Pero sobre todo, que se escuche bien, apuestan y ante la gran provocación que es el desafuero, apuestan a que nosotros actuaremos de manera irresponsable, que perderemos la cabeza y que podrán desatar una campaña, acusándonos de rijosos y violentos.

Ellos piensan que vamos a caer en la trampa de la provocación y que eso nos va a desgastar, al punto de quitarnos el respaldo de la gente, porque al final suponen que si nos eliminan políticamente, sólo habrá una competencia electoral en el 2006, a modo entre el PRI y el PAN que, evidentemente, representan lo mismo.

Es decir, para ellos, para los cacos que quieren seguir dominando el país, para ellos, cualquiera que gane, las cosas seguirán igual: se mantendrá el régimen de corrupción y privilegios y se seguirán devorando al país.

No olvidemos que el PRI y el PAN sólo se pelean cuando compiten en elecciones municipales o por las gubernaturas; pero cuando se trata de defender intereses y privilegios, los que verdaderamente mandan en esos partidos, siempre se ponen de acuerdo.

Baste decir que así como ahora se unen en el caso del desafuero, también lo hicieron los diputados del PRI y del PAN cuando convirtieron deudas privadas de unos cuantos en deuda pública y aprobaron legalizar el Fobaproa, el fraude más grande a la Nación desde la época colonial.

Y no olvidemos que también se aliaron en 1988, para legitimar la elección presidencial fraudulenta de Carlos Salinas de Gortari.

Pero lo que más me interesa repetir, lo que quiero que quede muy claro, que nos quede muy claro a todos. Quiero repetir que la estrategia de nuestros adversarios –y hay hasta documentos sobre eso- supone que ante el desafuero, caeremos, como ya dije, en la trampa de tomar medidas radicales que asusten a la gente y perdamos el respaldo popular que hoy tenemos.

Es la misma estrategia que siguieron después del 88 y, en particular en las elecciones de 1994, luego del asesinato de Luis Donaldo Colosio, cuando engañaron a la gente y se beneficiaron con el llamado “voto del miedo”.

Por eso es muy importante, amigas y amigos, compañeras y compañeros, definir con claridad nuestra postura y delinear con mucho cuidado las acciones que llevaremos a la práctica para defender la voluntad popular y el derecho a decidir de los mexicanos.

En primer lugar, tenemos que entender que el desafuero no es un fin en sí mismo. Desde luego que vamos a defender la voluntad popular para que no se me destituya del cargo que me dio la gente porque, más allá de lo personal, se trata de un agravio a la ciudadanía y un golpe a la incipiente democracia mexicana.

Pero no debemos quedarnos en eso. Hay algo más importante: la defensa de nuestro Proyecto Alternativo de Nación.

No perdamos de vista que esto apenas comienza, que estamos iniciando una nueva etapa; nuestro objetivo principal es la regeneración de la vida pública de México. Ahora, con más razón, debemos emprender una renovación tajante, una verdadera purificación de la vida pública.

Ahora, más que nunca, debemos echar a andar un gran movimiento transformador, capaz de crear una nueva legalidad, una nueva economía, una nueva política y una nueva convivencia social, con menos desigualdad y más justicia y dignidad.

Por eso, nuestro propósito debe ser mantener y acrecentar el respaldo popular que hoy tenemos y evitar, a toda costa, el desgaste. Debemos fortalecer nuestro movimiento; se trata de convencer y de aglutinar a más gente a favor de un cambio verdadero.

Tenemos que actuar, por eso, con mucha inteligencia y con mucha decisión. Nada de violencia. Nada de caer en provocaciones. Este movimiento es, ha sido y será pacífico. Tenemos la mayoría, sólo acuden a la fuerza los que no tienen la razón; movimiento de resistencia civil pacífica, hacer lo contrario significaría actuar en la lógica de los adversarios y eso no lo podemos permitir.

Además, siempre he sostenido que un dirigente puede poner en riesgo su vida, pero no tiene el derecho de poner en riesgo la vida de los demás.

Hoy les pido encarecidamente: no hagamos nada que pueda propiciar el enfrentamiento y que afecte intereses de terceros.

Pero quiero ser aún más preciso: nada de bloqueos de calles o carreteras; nada de tomar instalaciones públicas o privadas. Nada que signifique actuar como lo tienen estudiado y previsto nuestros adversarios.

También con claridad, expreso que quienes lleven a cabo acciones de este tipo, aunque se pongan una camiseta nuestra, no están con nuestro movimiento, están con nuestros adversarios o tienen otras motivaciones políticas, que respetamos pero no compartimos.

Por eso, necesitamos una dirección bien identificada por todos y que sea la única que marque el rumbo, el ritmo y la profundidad en la defensa de la voluntad popular y de la libertad de elección.

En concreto, quiero proponerles que si no estoy presente, por las razones que explicaré más adelante, confiemos esa dirección nacional en cinco personas.

Propongo una coordinación nacional integrada por dos militantes del PRD y tres ciudadanos independientes. Para ello, pido respetuosamente a los dirigentes de mi partido, que propongan a un representante del Comité Ejecutivo Nacional y a un representante del Comité del Distrito Federal.

También les informo que han aceptado participar como ciudadanos independientes, en esta coordinación, José Agustín Ortiz Pinchetti, Bertha “Chaneca” Maldonado y Elenita Poniatowska. ¿Están de acuerdo?

También quiero proponerles un plan de acción que voy a resumir:

Meditar, reflexionar y hablar en corto con familiares y amigos, sobre lo que está sucediendo y lo que debemos hacer para fortalecer el movimiento.

Portar el distintivo tricolor y colocar carteles en autos y casas.

Llevar a cabo una Marcha del Silencio del Museo de Antropología al Zócalo, el domingo 24 de abril.

Hacer reuniones informativas todos los domingos en las plazas públicas del país.

Argumentar en medios de comunicación, hacer uso del derecho de réplica y hablar o escribir a la radio, la televisión y los periódicos. Utilizar también, sistemas alternativos de información, como volantes o internet.

Intensificar la creación en todo el país, de comités ciudadanos a favor del Proyecto Alternativo de Nación.

Les informo que al día de hoy, existen 4 mil 128 comités ciudadanos en los 31 estados y en el Distrito Federal. Hay también comités ciudadanos en el extranjero, en particular, en Estados Unidos, en Canadá, en Francia y en Inglaterra.

Llamar a votar, y esta es una forma de hacer resistencia civil activa, llamar a votar, ayudar a promover el voto por nuestros candidatos, por la candidata Yeidckol Polevsky, del Estado de México y por el candidato Miguel Ángel Navarro Quintero, de Nayarit. El 3 de julio son esas dos elecciones y vamos a ganar las dos gubernaturas..

Informar a organizaciones sociales, políticas y de defensa de derechos humanos de carácter internacional, sobre el intento de retroceso de la democracia mexicana.

Por último, compañeras y compañeros, quiero hablar con ustedes sobre mi situación política:

He decidido, como saben, no ampararme ni solicitar libertad bajo fianza. Haciendo uso de mis garantías constitucionales, tampoco permitiré que nadie pague la fianza ni que nadie tramite en mi nombre algún amparo. Así quiero contribuir en la resistencia civil pacífica.

También quiero expresar públicamente que desde el momento en que el Ministerio Público Federal solicite al juez mi orden de aprehensión, y antes de que este funcionario resuelva, voy a trasladarme por mi propia voluntad al reclusorio donde esté el Juzgado correspondiente, para esperar desde allí mi detención.

Entiéndanme, no quiero dar motivo a otro acto de prepotencia ni quiero dar pretextos para la provocación. Les pido que no traten de impedir esta decisión; sé que ustedes me apoyan, pero no debemos dar pie a ningún desorden. Vamos a enfrentar este asunto con mucha dignidad y con mucho decoro.

También les informo que el domingo pasado el Consejo Nacional del PRD decidió adelantar para el 31 de julio próximo, las elecciones internas de candidato a la Presidencia de la República.

Desde este Zócalo, la principal plaza pública del país, anuncio que esté donde esté, voy a contender en las elecciones internas de mi partido para ser candidato a la Presidencia de la República.

Estoy seguro que será una elección abierta y democrática, para que todos participen con su voto y decidan quién nos represente.

No estoy obcecado con ser candidato. Lo que verdaderamente me importa es sacar adelante el proyecto de transformación, sea quien sea el que lo encabece. La Presidencia de la República no es un capricho. No es una decisión personalista. Siempre he actuado y voy a seguir actuando con responsabilidad. Por encima de las aspiraciones propias, está el interés de la República.

Amigas y amigos:

En momentos decisorios como los que estamos viviendo, debemos apoyarnos en la historia. Ahí están las grandes enseñanzas; la historia es la maestra de la vida. Por eso sé que podemos cambiar las cosas, esta realidad de injusticias y de opresión desde la Presidencia, como lo hicieron de manera ejemplar Benito Juárez, Francisco I. Madero y el general Lázaro Cárdenas del Río.

Pero de igual modo, la historia nos enseña que las transformaciones del país, no sólo se han logrado desde la Presidencia de la República; los espacios de libertad, de justicia y de democracia, se han alcanzado con la lucha y el sufrimiento de muchos hombres y mujeres que ni se plantearon llegar a cargos públicos ni, mucho menos, buscaron la fama o la fortuna.

En honor a ellos, tenemos que hacer los compromisos de luchar pacíficamente por hacer triunfar nuestro movimiento, que es el movimiento de los que quieren Patria para Todos, Patria para el humillado.

Amigas y amigos, compañeros y compañeras:

Este movimiento es también por el fortalecimiento de las instituciones de la República; que nadie se equivoque, que no se malinterprete, no estamos en contra de las instituciones; estamos en contra del uso faccioso que de ellas se hace. Por eso debemos evitar que se les siga degradando, usándolas con fines de lucro, partidistas o electoreros.

Por ejemplo, somos respetuosos del Ejército, es una institución fundamental para el país, pero no podemos permitir que se use para reprimir la inconformidad social o para suplir la incapacidad, el capricho y la ineptitud de los gobernantes.

También estamos a favor del fortalecimiento del Poder Judicial, para que tenga mayor independencia y los integrantes de ese Poder, tengan la arrogancia de sentirse libre, que tengan también credibilidad, porque no aceptamos que las leyes se manipulen para proteger privilegios y para consumar venganzas políticas.

Amigas y amigos, compañeras y compañeros:

No cometamos errores. Las circunstancias nos exigen la serenidad y la ; tenemos que ser muy responsables. No nos desesperemos. Confiemos en los sentimientos y en la sabiduría de nuestro pueblo. Aunque los de arriba mantienen la misma actitud autoritaria de siempre, ya cambió la mentalidad del pueblo y eso es lo más importante, porque cuando cambia la mentalidad del pueblo, cambia todo. Confiemos en que la gente nos seguirá dando su apoyo y respaldo. No sólo porque nuestro pueblo es generoso, sino porque la mayoría de los mexicanos están demandando un cambio verdadero.

En cuanto a mí corresponde, tengan la certeza absoluta de que no claudicaré. No abandonaré mis principios. Tengo muy claro que el poder sólo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se ejerce en beneficio de los demás.

Ante la irracionalidad del desafuero voy a actuar, lo repito, con mucha dignidad y decoro. No olvidemos, compañeras y compañeros, hoy tenemos la mayoría en el país, nuestro movimiento es mayoritario y no tengan la menor duda de que triunfaremos.

Vamos a ganar. Como decía Benito Juárez: “el triunfo de la reacción es moralmente imposible”.

¡México y su pueblo merecen un mejor destino!

¡No nos quitarán el derecho a la esperanza!

¡Viva la dignidad!

¡Viva México!

Quiero pedirles una última cosa; lo de la Cámara es, como dije, una farsa, de todas maneras pueden ustedes quedarse o irse a sus casas hasta que la Comisión Coordinadora llame a las acciones de resistencia civil.

Lo que sí les pido, es que no vayan a la Cámara de Diputados, quiero ir solo para defender mis derechos y no quiero dar pretextos para ninguna provocación. No quiero que utilicen de pretexto el que haya enfrentamientos en la ciudad.

Quiero también decir a ustedes que ya sé que no estoy solo, así como me dicen. Ya lo sé, pero no quiero que vayan conmigo a la Cámara de Diputados; también quiero transmitir un mensaje a los habitantes del Distrito Federal por nuestra responsabilidad, pero no sólo por eso, sino porque los habitantes del Distrito Federal se han mostrado más que generosos con nosotros y confían en nosotros y nos respaldan.

Les quiero decir que he dado instrucciones para que no falten los servicios en la ciudad, para que sigan todos los programas sociales. No olviden que somos un equipo, que el gobierno no es nada más un solo hombre y todo ese equipo va a seguir trabajando, va a seguir sirviendo a la ciudad. Los quiero desaforadamente.

México, La Ciudad de la Esperanza, 7 de abril de 2005